Nobel iraní explica en sus memorias el dolor de separarse de sus hijos
La iraní Narges Mohammadi, Nobel de la Paz en 2023, admite en sus memorias, publicadas el jueves, que su mayor miedo es morir sin volver a ver a sus dos hijos, tras más de una década separada de sus mellizos.
La activista de 54 años, que en los últimos años pasó multiples periodos en la cárcel y en mayo fue liberada bajo fianza por problemas de salud, publica "A Woman Never Stops Fighting" (Una mujer nunca deja de luchar) en varios países, entre ellos Francia, Estados Unidos o Alemania.
En estas memorias, Mohammadi revela su determinación en la lucha por los derechos humanos pero también el dolor que implica.
La activista recuerda el caluroso día de julio de 2015 cuando, estando encarcelada en la prisión de Evin en la capital iraní, se despidió de sus mellizos Kiana y Ali (en aquel entonces de ocho años y hoy de 19) por última vez antes de que se fueran a París.
"Llegaron vestidos con ropa de verano llena de colores, el cabello cuidadosamente peinado, grandes sonrisas en el rostro", escribe. Los niños estaban "completamente absortos en su propio mundo", sin pensar en las despedidas.
Tras abrazarse por última vez, "fuera, aún aferrados el uno al otro, empezaron a correr. Se volvieron, diciendo adiós con la mano: una imagen que nunca olvidaré", explica.
"Sentí como si se hubiera abierto un inmenso vacío dentro de mí", rememora.
"Probablemente no volvería a ver a Kiana y Ali, al menos durante mucho tiempo. ¿Cómo podía vivir sin ver a mis hijos?", se pregunta.
En el libro, Mohammadi relata su infancia feliz en Zanyán (norte) y luego su toma de conciencia ante "la condición insoportable de las mujeres" tras la Revolución Islámica de 1979.
La joven se compromete entonces en la lucha contra la pena de muerte y el estricto código vestimentario impuesto a las iraníes, un combate que le costará años de cárcel y latigazos durante varios periodos de detención.
Pero Mohammadi siempre se negó a abandonar su país para reunirse en París con su esposo, el opositor Taghi Rahmani, y sus hijos.
"Qué vida tan extraña. Ahora temo dejar este mundo sin volver a ver a mis hijos", lamenta la autora, que está bajo tratamiento por problemas cardíacos.
La activista empezó a escribir sus memorias en la cárcel hace unos diez años. El texto, redactado en farsi, salió de Irán por partes, y fue reunido y traducido al inglés por la Fundación Narges Mohammadi, con sede en París. Luego fue publicado por la editorial Aschehoug, en Oslo, según se precisa en el epílogo del libro.
(U.Kabuchyn--DTZ)